5 de marzo de 2014

El periodista Jorge Ramos describe el sentir del venezolano que está lejos


JORGE RAMOS AVALOS: Querer de lejos

A los estudiantes asesinados en Venezuela
Los que nos fuimos no podemos dejar de pensar en los que se quedaron. Es extraño pero el habernos ido nos acercó aún más a nuestro país de origen. En esto pienso cuando veo a tantos venezolanos en esta ciudad de exilios. Se fueron de Venezuela, pero Venezuela no se fue de ellos.

“¿Qué sabes de Venezuela?” me preguntan, cuando ellos saben mucho más que cualquiera. Tienen los ojos rojos y ojerosos, la piel seca, la mirada en otro país. Se pasaron la noche en Twitter, en Facebook, en Instagram, viendo los videos de la Guardia Nacional Bolivariana disparando a jóvenes indefensos, en edificios, abusando, pegando con cascos en la cabeza de sus detenidos, juntándose hasta seis uniformados para arrestar a una sola mujer venezolana, matando, torturando.

Rompe el corazón escuchar la indignación de la valiente madre del estudiante a quien violó un guardia con el cañón de su rifle; o el relato de Cesar Cegarra quien cargó en una moto a la reina de belleza, Génesis Carmona, antes de morir por un disparo en la cabeza (el video está en www.jorgeramos.com); o a la mujer que perdió a su hija tras un escopetazo en plena cara; o a la que abraza en la morgue el cadáver aún tibio de su hijo; o las lágrimas impotentes del actor William Valderrama, en Los Angeles, tan lejos pero tan cerca.

Esta ciudad –que una vez fue pantano y donde todos venimos de otro lugar– tiene una gigantesca capacidad para aguantar el dolor. Durante 55 años ha aguantado el dolor de los cubanos que aún no entienden por qué América Latina quiere ser amiga de sus dictadores. Miami recibió después a los centroamericanos que huían de sus guerras y su pobreza. Luego a los colombianos que dejaban la violencia de sus Escobares. En intervalos han llegado mexicanos y sudamericanos que querían al menos una noche sin pensar en el robo, en el secuestro, en el desempleo, en el último ex presidente millonario, en la arrogancia de los poquitos que tienen tanto y no saben compartir. Los últimos en llegar –¡Bienvenidos!– han sido los venezolanos.

Y los que llegamos antes los abrazamos con solidaridad; ya pasamos por lo mismo y sabemos que no es fácil. Los venezolanos se duermen con el televisor prendido, escuchando los inteligentes argumentos de Jaime Bayly contra cualquier dictadura, analizando hasta el último detalle de lo que dijo o no dijo CNN en Español y esperando, casi como un rezo, las noticias de las once de la noche.

Nunca apagan el celular; esperan con ansia la llamada que diga “todo se acabó” o, con aprehensión, la de un familiar que fue robado, golpeado, vejado. Los de aquí siempre están pensando en los de allá.

Pero despertamos y el monstruo sigue ahí. A veces –me lo dicen– los venezolanos se sienten culpables de ir al supermercado Publix o a la farmacia CVS y darse cuenta que todo lo que sobra aquí hace falta allá. Han hecho de Doral-zuela y Weston-zuela sus nuevos barrios, donde nadie tiene que hacer una “guarimba” para bloquear las calles y evitar el paso de los “colectivos”, esas milicias represoras de Maduro.

Maduro no es, ni siquiera, una mala copia de Chávez. Pero actuó con la misma violencia contra los manifestantes el pasado 12 de febrero, como lo hizo Chávez en la matanza de puente Llaguno, en Caracas, el 11 de abril del 2002. Los dos son matones. Maduro y Chávez han masacrado estudiantes igual que Gustavo Díaz Ordaz en México en 1968.

Un presidente que mata a sus estudiantes no debe ser presidente. Pero hay un cómplice silencio internacional. A veces pareciera que el mundo borró del mapa de Venezuela. Por eso los venezolanos se sienten tan solos.

Imposible saber qué va a pasar. Pero a muchos ya nos pasó. Veníamos por un año y nos quedamos (yo llevo 30). Y mientras tanto, seguimos en Miami. No se los queremos decir, pero ya lo hemos visto antes. Esto siempre les pasa a los que están condenados a querer de lejos.

“¿Qué sabes de Venezuela?” vuelvo a escuchar.



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Vinos Kaiken en La Hacienda Vieja, Galipan

Por que amo al Malamado

Mi adicción por éste producto en particular es bien conocida por todos los que saben de mi afición a los vinos argentinos, y en especial a los de esta bodega mendocina que siempre está a la vanguardia en mercadeo creativo y en la elaboración de caldos diferentes para los amantes del vino. Como uno el periodista siempre trata de citar la fuente, voy a darle el crédito de esta adicción - o afición o simplemente gusto por lo bueno - al colega colombiano Hugo Sabogal de Wine Media, quien me hablara del Malamado por primera vez en el lobby del Marriott Caracas hace unos dos años cuando Wines of Argentina estaba haciendo sus primeras incursiones en el país. Fue también el amigo Hugo quien me hablara de los vinos de Familia Zuccardi por primera vez y quien me presentara al Sr. José Alberto Zuccardi en Mendoza.

Sushi y Vino

El otro día me pidieron que escribiera algo sobre los vinos y el sushi y me pareció interesante ya que, los que actualmente estamos embebidos con lo de la cuestión enológica y gastronómica, siempre nos preguntamos, y nos preguntan, con que vino se acompaña el sushi. El asunto no es fácil, ya que el sushi hecho en su mayoría de pescados frescos, grasos, con arroz, con sabores complejos aportados por las algas Nori y por el efervescente wasabe, no es fácil de maridar; y lo mismo pasa con otros platos de la cocina asiática (China, Thai, Vietnamita, Nikkei, Hindú, etc.) las cuales, en general tiene sabores aportados por especias muy aromáticas y picosas. La cuestión es ¿Cómo lo combinamos? ¿Cómo quedamos bien con el invitado y hasta con nosotros mismos? Por lo que estuve averiguando, y por experiencia propia, lo mejor es dejar a los tintos de lado, alguno que otro se podría adaptar y eso si es un caldo joven y bien afrutado. Y es en la parte frutosa y acida donde entran los vinos blancos y rosados (incluidos los espumantes y los proseccos). Gracias a Dios que la creatividad enológica de los argentinos los hizo crear un vino especial para beber con sushi. Se llama Oroya, y aunque aun no lo tenemos en Venezuela, ya oí rumores de que pronto lo veremos en los anaqueles.

Este vino esta hecho en Mendoza, y en el se combinan el torrontés y el pinot noir. La primera cepa aporta calidad aromática y sabores afrutados y algo florales; mientras que el pinot noir le da estructura. Ahora si usted, como comensal, toma esta combinación como dato, se dará cuenta que es posible combinar vinos blancos de buena acidez y frutosos y sin madera con los diferentes platos que conforman lo que genéricamente llamamos Sushi. He acá mis recomendaciones para combinar: los gewürztraminer (traminers), los Torrontés, una buena cava como las de Freixenet, un espumante argentino o chileno. También funcionan los de marcada acidez como los Reisling o los Sauvignon Blanc. Los rosados, ya sean espumantes o tranquilos, también producen una agradable combinación con este tipo de comidas. Ahora si lo que desea es la perfección, olvídese del vino y sírvase un buen sake y si viene con ralladura de pepino (como lo sirven los coreanos) es delicioso. La otra bebida que va bien con las comidas especiadas asiáticas son las cervezas por su punto de amargo y su espuma que sirven para atenuar las altas notas de las especias y limpiar el paladar. No busque un maridaje perfecto si va a comer fuera. La armonía se lograría si acaso el cocinero tiene acceso al vino antes de cocinar y logra combinar los aportes de los ingredientes con los aromas del vino. Esto no pasa a menudo a menos que sea usted mismo quien se tome la molestia de hacerlo. Concluyo por decir, que mi palabra no es la ultima; pregúntele al sommelier que para eso esta ahí, y si es que el restaurante tiene uno. Si no lo tiene váyase por lo seguro con un blanco a su gusto personal. Al fin y al cabo, el mejor vino es el que mas le gusta uno.

¿Qué es un Foodie?

Foodie es un informal término en inglés que define a una clase particular de aficionados a la comida y a la bebida. La palabra se crea en 1984 por Paul Levy, Ann Barr y Mat Sloan para su libro, The Official Foodie Handbook (El manual oficial de los foodies).

Parece gourmet pero no es

Aunque los dos términos (Foodie y Gourmet) a veces se usan indistintamente, los foodies se distinguen de los gourmets en el sentido que estos son aficionados con gustos refinados que pueden ser profesionales de la industria de la comida, mientras que los foodies son amateurs a los que simplemente les encanta la comida por su consumo, estudio, preparación y noticias.

Por su parte los gourmets les interesa mas degustar la mejor comida, mientras que los foodies quieren aprender tanto como sea posible de la comida desde lo mas ordinario a lo mas fino y pasando por la parte cientifica e industrial. Sus ansias de conocimiento llegan hasta querer conocer a los personajes que crean las tendencias en la cocina actual. De ahí que a los foodies a veces se los tome por obsesionados por las artes culinarias.

¿Qué le interesa a un Foodie?


Estos fans de la gastronomia tienen intereses muy particulares, como por ejemplo las bodegas y desgustaciones de vino, la ciencia de la comida, inauguraciones y cierres de restaurantes, distribución de comida, tendencias en la cocina, salud y administración de restaurantes.

A veces un foodie puede desarrollar un interés particular por un item específico, tal como el mejor ceviche o un burrito. Muchas publicaciones tienen secciones dedicadas a los intereses de los foodies.

El movimiento foodie nace y se desarrolla durante los años 80 y 90 y dio pie a la creación de Food Network y otros programas especializados en cocina como Iron Chef, un resurgimiento de libros de cocina, revistas especializadas como Cook's Illustrated, un aumento de la popularidad de mercadillos dirigidos por granjeros, páginas Web sobre comida como la de Zagat, blogs de gastronomía, tiendas de artículos de cocina como Williams-Sonoma y la institución del chef célebre.